Los pantalones de Vicente. Cap. 14

Al día siguiente del pacto que habían hecho las chicas, cuando salía del trabajo Josefita vio a Vicente en la misma esquina de siempre esperando, antes de ponerse a correr se acerco a el y decidida casi sin dejar hablar al muchacho le dijo:

 

– Esta tarde a las 6 nos vemos en la plaza, iré con mi hermana y Marcela, allí hablamos porque a solas si me ven contigo mis hermanos o alguien y llega a oídos de mi padre me castigara…así que no me sigas más y espera a esta tarde a las 6. – dicho esto la muchacha echo a correr dejando a Vicente con casi la palabra en la boca.

– Allí estaré!!- respondió él gritando mientras miraba a la chica alejarse.

 

Vicente no se podía ni creer que tuviese una cita con Josefita, de pasarse los días corriendo detrás de ella a tener una cita ese mismo día con ella era algo que no hubiese imaginado, el muchacho ya estaba un poco desilusionado porque pensaba que nunca podría acercarse a ella, incluso llego a pensar que ella no estaba interesada. Ensimismado en sus pensamientos camino calle abajo dando pataditas a las piedras que encontraba en su camino y silbando con las manos metidas en sus bolsillos, estaba contento…esa chica si le gustaba mucho.

 

Cuando llego Vicente a casa se miro en el espejo del armario de sus padres y no pudo evitar pensar en Marcela y los últimos comentarios de esta malintencionados sobre sus pantalones pesqueros… la verdad es que todos los que tenía le quedaban pesqueros y eso que todos tenían el bajo sacado, los había heredado de sus hermanos mayores y el ya era casi tan alto como el mayor de ellos… le avergonzaba presentarse por la tarde con los pantalones así, entro a la habitación de su hermano Pablo y cogio unos de él, al probárselos comprobó que le quedaban perfectos no iba enseñando los tobillos y decidió pedírselos prestados a Pablo, aunque también podía adivinar que los pantalones le saldrían algo caros porque su hermano no se los dejaría a cambio de nada… en esos momentos Pablo entro por la puerta y cuando le vio con sus pantalones puestos le sentó fatal…

– Ya te estas quitando mis pantalones!!!- dijo Pablo enfadado.

– Yo… necesitaba que me hicieses un favor esta tarde…- contesto Vicente tímidamente.

– De eso nada, si estas pensando en mis pantalones de los domingos vas listo!! Que pasa que vas a ver a la Flor…- dijo Pablo burlándose de él…

– No!! Yo no veo a la Flor hace mucho tiempo, además es solo una amiga, no es mi novia, me interesa más otra chica del pueblo y ya que estas interesado te diré que si he quedado con ella en la plaza.

– Con que ya no ves a la Flor? En ese caso…- calló sin decir nada Pablo.

– No, no estoy interesado en la Flor, si quieres puedes irle tu detrás que a mi ya no me importa…

– Bueno si eso es cierto y no es la Flor quien es la moza que te gusta?

– Conoces a Josefita la del tío Mora?

– Si esa morenita escuchimizada!!! Que tiene pocas tetas aun… pero si es una cría!!!- contesto Pablo burlándose.

– Pues a mí me gusta y he quedado con ella!!, y ahora dime que quieres a cambio si me dejas los pantalones esta tarde?

– No sé… de momento que me dejes el camino libre con la Flor, que esa si es más mujer y hay donde agarrarse…y después quiero que durante una semana vayas por mi al campo a sembrar las patatas que me encargo padre que sembrara.

– Y que le vas a decir a Padre para no ir tú?

– No se enterara pensara que estoy yo allí, porque todos los días iré a ultima hora que es cuando acostumbra el a ir para ver la faena y me vera allí contigo, entonces le diré que me echas una mano…

– Vale pero por dejarme unos pantalones eso es mucho y tu tienes por lo menos tres pantalones, me tienes que dar unos, nada de prestados…- dijo Vicente con firmeza.

– De acuerdo, te quedas con uno, pero el de los domingos no, elige entre los otros dos…y lo de la Flor ya sabes ahora me toca a mí…

 

Los muchachos llegaron a un acuerdo y por fin Vicente tenía unos pantalones decentes, ya no tendría que soportar las burlas de Marcela, quería que Josefita le viese guapo.

 

Estaba muy nervioso, se acicalo con esmero, su hermano le dio unos pantalones negros que estaban un poco más viejos que los otros pero no se notaba demasiado, el se puso una camisa blanca y su pelo peinado hacia atrás con brillantina, incluso se echo unas gotas de colonia de su padre que un tío le trajo de la Toja y el padre solo se ponía colonia en ocasiones especiales. Los zapatos los limpio con esmero y aunque estaban ya un poco desgastados los dejo relucientes…

 

Quería causar una buena impresión a Josefita….

Pacto entre chicas. Cap. 13

Josefita ya empezaba a desesperarse, se sentía ahogada cada vez que veía a Vicente a la puerta de la casa o en cualquier esquina esperándola, estaba cansada de correr cuando en realidad lo que quería era acercarse al muchacho y hablar con el, después de pensarlo mucho decidió hablar con su hermana Petra y confesarle que le gustaba Vicente, no sabría como se lo tomaría su hermana mayor pero era necesario arriesgarse ya era hora de dejar de correr, por otra parte a las dos les vendrían bien hacer un pacto porque Petra estaba en la misma situación que ella tampoco podían verla a solas hablando con ningún chico sin que llegara a oídos de su padre o sus hermanos.

 

Esa tarde después del trabajo y de su última carrera huyendo de Vicente, en casa estaban solas las dos hermanas y Josefita empezó a tantear a su hermana:

 

– Petra a ti no te gusta ningún chico del pueblo?

– Sissspt- calla que te van a oír!!! Porque lo preguntas?– susurro Petra.

– Porque yo se que alguno te esta rondando aunque disimules.

– Pues si, hay varios que me gustan pero no se por cual decirme y además como tampoco puedo hablar con ellos, no tengo que decidirme por ninguno- contesto Petra.

– Y ese de Villa del Prado que viste en la feria? Si ese que te miraba tanto y tú volvías la cabeza a otro lado haciéndote la interesante…

– Va!!! No me hacia la interesante… viste sus calcetines eran rojos…a quien se le ocurre ponerse unos calcetines rojos con el traje de los domingos y los zapatos negros.- dijo Petra quitándole importancia.

– Que exigente eres Petra!!! A mi me pareció guapo- contesto Josefita sin perder de vista los gestos de su hermana.

– Bobadas, no me gusta!!!- Petra disimulaba por temor a que su hermana fuese con el chivatazo si demostraba interés por el chico.

– Mira Petra no te preocupes, me parece bien que te guste ese muchacho, como espero que te parezca bien que a mi me guste otro chico de aquí del pueblo- se arriesgo Josefita a confesar a su hermana.

– Si? Y quien es? Dímelo..- pregunto Petra.

– Vicente el de la Tía Evarista- contesto Josefita como si al confesarlo se hubiese quitado un peso de encima, pero con mucho temor aun por la reacción de su hermana.

– El de los pantalones pesqueros?- pregunto petra con los ojos que se le salían de las orbitas mirando a su hermana.

– Si…ese,

– Pero como te puede gustar ese, con esos pantalones?

– Pues ya ves me hace gracia…-contesto Josefita.

– Ya te veía yo a ti rara últimamente y deseando llegar a casa, que siempre te entretienes unos minutos y ahora vienes derechita. Que ocurre te ronda el Vicente?.

– Si, y estoy cansada de pegarme las carreras que me pego, por eso quiero proponerte algo- dijo Josefita.

– Venga suéltalo, que quieres?

– Quiero que me vengas a buscar todos los días al trabajo, de forma que si nos ven a las dos en compañía de Vicente, no me castiguen al no ir sola sino contigo y tampoco se piensen nada, así podré hablar algo con él. Y yo haría lo mismo por ti si te gusta ese muchacho de Villa del Prado o cualquier otro – de carrerilla le salieron las palabras a Josefita sin dejar de mirar a los ojos a su hermana.

– Josefita eso esta muy bien pensado, claro que sí, será nuestro secreto y nuestro pacto- dijo Petra tan contenta porque a ella le venía de perlas.

 

De esta forma se consolido un pacto entre ambas hermanas y poco después Marcela se unió a ellas porque la pobre solo tenia hermanos pero con la excusa de las amigas tampoco iba sola y estaba mejor visto que un chico hablase a tres chicas que a una sola en publico.

 

Petra aprovecho bien el pacto, porque le encantaba flirtear con todos los chicos aunque a todos le sacaba pegas, el que no tenía los calcetines rojos, tenía la corbata fea, fueron muchos los mozos guapos que se le acercaron pero ella los rechazaba a todos, hasta los que tenían posibles y estaban bien situados. Solo coqueteaba con ellos y no elegía a ninguno. Era caprichosa y guapa, tenía algo que le gustaba a todos, que era rubia natural todo lo contrario de su hermana Josefita, aunque durante el periodo del pacto tuvieron ambas hermanas algún encontronazo y estuvo a punto de romperse, que ya ira surgiendo a lo largo de la historia narrando a su debido tiempo.

 

Marcela si se echo noviete al poco tiempo, Avelino con el que hoy en día sigue felizmente casada.

 

Y Josefita y Vicente…

 

Continuara…

El cortejo. Cap. 12

Acabaron las fiestas del pueblo y Vicente no había visto desde esa mañana de domingo a Josefita en la feria, se las había ingeniado para sonsacar a todo el mundo donde vivía la chica, donde trabajaba y cuando podría verla, incluso se atrevió a preguntar a las amigas de su hermana que iban mucho a misa si Josefita frecuentaba mucho la iglesia ya que pretendía encontrarse con ella, pero ella no era de ir mucho a misa solo algún domingo, así que Vicente se hizo más asiduo que nunca a la iglesia los domingos . Tres semanas después de la feria un domingo Vicente estaba en misa de 12 y la vio entrar con Marcela y Petra, las vio coger agua bendita de la pila de la entrada y presignarse agachando una rodilla a modo de saludo ante el altar mayor.

Josefita no le vio en ese momento, aunque si había pensado mucho en el muchacho desde que lo vio en la feria, le había agradado y no se atrevía a preguntar a nadie ni por el nombre de el, así que para ella era un muchacho desconocido del pueblo, y ella solita se callaba sus pensamientos a pesar de las ganas que tenia de saber quien era él, ni su amiga Marcela sospechaba que a ella le hubiese caído en gracia ese muchacho.

 

Las chicas se sentaron en los últimos bancos de la iglesia para escuchar misa, en ese momento Marcela les dio un codazo a ella y a Petra y muy bajito riéndose les dijo:

– Habéis visto quien esta 5 filas de bancos adelante?

– No, quien? – Dijo Josefita

– Vicente el de la tía Evarista (así se llamaba la madre de el).

– Y quien es ese?. Pregunto Petra.

– Anda tonta! mira que eres despista.. no te acuerdas? El que había en la caseta de tiro en la feria, si ese, el de los pantalones pesqueros tan chulito.

– Ah ese!!! –dijo Josefita quitándole importancia y callándose seguidamente.

Josefita miro hacia donde había indicado Marcela disimuladamente pero en ese momento Vicente miraba hacia ellas descaradamente y le guiño un ojo, ella se puso colorada como un tomate bajando la vista al suelo y no se atrevió a volver a mirar en esa dirección en todo lo que duro el oficio.

 

Marcela y Petra comulgaron ese día mientras Josefita dijo que no se había confesado para no tener que hacerlo y espero a las dos chicas en su sitio, le temblaban las piernas solo de pensar que para comulgar tenía que pasar delante de el ya que se encontraba 5 filas más adelante, así que espero sentada en el banco a que llegarán las otras dos chicas.

 

Cuando acabo la misa las chicas salieron de la iglesia en dirección a su casa, reían divertidas contando sus chismes, Josefita estaba un poco más distraída y pendiente de si veía a Vicente salir y así ocurrió un poco más atrás estaba Vicente con los amigos, se acerco a las chicas.

– Os venís un poco a la plaza?- les dijo.

– Cuando te crezcan los pantalones… – contesto Marcela con mala leche y riéndose de el.

– A ti no te digo lista!!!, se lo decía a la morenita y a su hermana.

– No gracias nos vamos a casa y la morenita tiene un nombre se llama Josefita- contesto Petra.

– Perdona no sabía su nombre -mintió- pero ahora que lo se no lo olvidare. – Guiño de nuevo un ojo a Josefita.

– Pero, a ti que te ocurre? Acaso tienes un tic en el ojo.- pregunto Josefita.

– Te ha molestado? No es mi intención molestar a una chica tan bonita, disculpa y ven a tomar una gaseosa conmigo a la plaza.- se atrevió a decir de tirón Vicente.

– Yo no tomo nada con desconocidos, además nos vamos ya.- dijo Josefita dándole la espalda y agarrandose de los brazos de las dos chicas, mientras caminaban en dirección a sus casas.

 

Los amigos de Vicente habían observado la escenita de lejos, y cuando este se acerco a ellos, estos se mofaban de el, bromeaban sobre lo guapa que era la Josefita y lo mal que se lo haría pasar, aunque Vicente estaba cada vez más convencido de que quería conocer a esa chica, se dijo para sus adentros:

 

– La Josefita es pa´mi!

 

Durante los dos meses siguientes no había forma de encontrar a la chica sola y poder entablar una conversación con ella, y si quería verla tenia que montar guardia en la casa donde esta trabajaba esperando que Josefita saliera a algún recado, pero cuando eso ocurría y ella le veía se ponía a correr como alma que lleva el diablo y Vicente detrás de ella corriendo para alcanzarla, y es que Josefita tenía miedo de que llegase a oídos de su padre que la rondaba un chico por lo que pudiese pasar. Así que Vicente estuvo un par de meses intentando darla alcance sin éxito, por más que suplicaba ella corría más aun.

 

Josefita en el fondo estaba deseando poder hablar tranquilamente con el ya que el muchacho le gustaba mucho a pesar de sus pantalones pesqueros, pero tenia más miedo que otra cosa, primero a sus hermanos mayores que se creían con derecho a regañarla y castigarla y después a su padre que ese era el peor, temía probar el cinturón que con tanto gusto mostraba cuando la amenazaba si la veía hablar con un chico.

 

Continuara…

El sujetador de la Flor… Cap. 11

Vicente aún con la escopeta en la mano miraba como se alejaban las chicas con el hermano de Josefita detrás de ellas, se había quedado sin palabras, cuando las perdió de vista se dirigió a sus amigos:

– Quien esa chica? La morenita, nunca la había visto por el pueblo.

– Es la Josefita del tío Mora- respondió su hermano Pablo.

– Y por donde viven?

– Viven dos calles detrás de la Iglesia, te ha gustado la moza ehh? – bromeo su hermano dándole un golpe en la espalda.

Vicente se calló sin decir nada, entonces su amigo Rafa empezó a burlarse de el…

– Pues como se entere la Flor de que te gusta otra te quedas compuesto y sin novia!!! jajaja.

– Si la Flor no es mi novia, solo es una amiga!! Yo no tengo novia.- Protesto Vicente ante las afirmaciones de su amigo. Además hace ya tiempo que no la veo.

 

La Flor era una chica del pueblo con la que había estado tonteando Vicente, tenía un par de años más que este y siempre había estado muy desarrolladita para su edad, traía a los chicos del pueblo medio locos pero no por guapa sino por el par de tetas que tenía que apuntaban como dos cohetes, aunque al final resultaron ser postizas porque llevaba sujetadores con cazuelas y algo de relleno (se metía algodones ella misma). En realidad Vicente no había pasado del simple tonteo, acompañarla a casa alguna vez cuando venía de algún recado y de lejos nada de acercarse mucho, sacarla a bailar en la verbena del pueblo bailando a metro y medio de distancia con las manos de ella en su pecho de él para asegurarse una distancia prudencial y que las cotillas que estaban sentadas en la primera fila de verbena no murmurasen. A Vicente lo único que le gustaba era que ella parecía hacerle caso y a los demás no, cuando los demás estaban deseando poder acercarse a la chica por aquello de las tetas, era como su primer trofeo ante los demás chicos.

En una vendimia todos se enteraron de que el sujetador de la Flor tenía truco aunque algunos al verla tan esplendida con sus cohetes erguidos seguían fantaseando sin creérselo aun, un día al ir a coger una espuerta llena de uva el sujetador se rompió dejando caer los cohetes a la altura de la cintura y descubriendo ante los ojos de su compañera de espuerta que la Flor tenia dos flanes pequeños en lugar de cohetes. La Sandalia que así se llamaba su compañera se encargo de pregonar su descubrimiento, en parte por envidia que le tenía a la Flor y en parte por cotilleo.

 

La pobre Flor ese año apenas salía de casa por la vergüenza que le producía que todos supieran su secreto y ese año no se prodigo mucho por la feria.

 

Vicente sin quitarse de la cabeza a Josefita se dedico a averiguar donde vivía, donde trabajaba y de que forma podría encontrarse con ella, esa muchacha le había gustado bastante y no quería dejar pasar la oportunidad de poder acercarse a ella…aunque tuviese que hacerse amigo de sus hermanos que eran unos cuantos y precisamente no eran muy sociables con el.

 

Continuara…

Fin de la Niñez. Cap. 10

Cuando Josefita cumplió los 12 años se puso a trabajar en la casa de una de las familias más ricas del pueblo los Agüera, por aquel entonces se había convertido en una guapa jovencita, su pelo negro como el azabache media melena, nunca he conocido a nadie con el pelo tan negro, sus ojos a juego negros llenos de brillo destacaban sobre su blanca piel, Josefita era de fina figura alta para su edad y con cuerpo de adolescente, ya se veía despuntar la mujer que sería en unos años. Era una muchachita que llamaba la atención por lo bonita que era, y su padre no la dejaba salir sola a la calle ni a ella ni a ninguna de sus hermanas mayores, siempre tenia que ir acompañada por algún hermano o hermana, solo salía sola cuando iba a trabajar o algún recado que le mandaba la señora de la casa donde trabajaba, así que su vida estaba entre su casa y el trabajo, el día que se retrasaba un poco ya estaba su padre esperándola con cara de pocos amigos…, no solo el estar convirtiéndose en mujer la mantenía encerrada sino que si alguien la veía hablar con algún muchacho por la calle y llegaba a oídos de su padre en casa le esperaba una buena tanda de reprimendas y amenazas de su padre aflojándose el cinturón. Marcela y ella apenas se podían ver, solo en alguna ocasión que se visitaban o en feria y es que no era decente que dos chicas andarán por ahí a cualquier hora y solas, se les acabo la niñez sin darse cuenta.

Un día de feria en septiembre Vicente estaba con sus amigos en una de las casetas de la feria disparando con escopetas de perdigones a los palillos que estaban clavados en una tabla a un metro y medio de distancia del mostrador donde el estaba, mientras sus amigos le animaban, aunque no acertaba un solo disparo porque el cañón de la escopeta estaba un poco desviado para que el feriante se ganara algo, todas las escopetas de la caseta estaban ligeramente trucadas, pero los muchachos se lo pasaban bien tirando al blanco, alguna vez acertaban y podían llevarse un llavero como premio, que luego iban luciendo por la feria como si se tratase de una gran hazaña el tener buena puntería.

 

Vicente tenia casi 15 años, su pelo se había tornado a castaño claro de tantas horas trabajando en el campo bajo el sol, su tez morena y unos ojos verdes que derretían a todas las chicas, alto para su edad y con los pantalones pesqueros que había heredado de sus hermanos mayores, pero aun así guapo.

 

Ese día de feria por la mañana después de misa de 12, Josefita, Marcela y la hermana de mayor de Josefita que se llamaba Petra después de salir del oficio decidieron ir a la feria para tomar una gaseosa y comprarse una galleta de barquillo antes de irse a casa. A esas horas casi todos los del pueblo se daban un paseo por la feria y por la plaza, era domingo y la gente lucia sus trajes de domingo por el ferial, la banda de música tocaba subida en un kiosco de música que había en mitad de la plaza del pueblo, sonaban alegres pasodobles, la barquillera tenia el puesto justo al lado del quiosco de música y las chicas se arremolinaban alrededor para comprar el suyo. Contentas con su barquillo en la mano mientras lo comían caminaron hacia la feria para ver las barcas, la tómbola, las casetas y los coches de choque.

 

Al llegar a la feria se pararon frente a la caseta de tiro, en ese momento Vicente estaba intentando acertar a uno de los palillos pero herró el tiro no se llevaría ningún llavero, entonces Marcela riéndose y graciosilla le dijo:

 

– Si es que no se puede ser más torpe!!! Jajajaja

Vicente se dio la vuelta en ese momento un poco molesto por la risa burlona de Marcela y vio a las tres muchachas, iba a contestar cualquier burrada pero al ver a Josefita se callo sin saber que decir…

 

En ese momento el hermano de Josefita que estaba por allí se acerco a las muchachas,

– Venga pa´casa, que ya es tarde!!

Las chicas accedieron no sin protestar antes, porque apenas les había dado tiempo a nada desde que salieron de misa, Josefita miró a Vicente como despidiéndose sin decir nada y se fue junto a las chicas detrás de su hermano.

 

Continuara…

La Cata del melonar. Cap. 9.

 

Un día de verano, Vicente y su hermano más pequeño Lucio estaban ayudando a su padre en un melonar que tenían sembrado, el hombre los dejo solos allí a los niños quitando hierbas mientras el iba al pueblo a vender algunos melones que habían recogido.

 

Ya sabéis eso de cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo… seguro que sabéis lo que es una cata o calar un melón o una sandía… en algunos puestos de melones y sandías el vendedor te ofrece que los pruebes haciendo un cuadradito con una navaja y dándolo a probar…

 

Vicente era más mayor que Lucio su hermano y había visto a su padre muchas veces catar los melones y dar alguno a probar para venderlos… el decidió probar todo el melonar a ver si estaban hechos y los dos niños aburridos de quitar hierbas se dedicaron a hacer catas a todos los melones, probando todos…, no dejaron uno sano y acabaron con todo el melonar, según iban haciendo las catas sin cortar el melón de la mata se comían el trocito de melón volviendo a poner la parte de la corteza sobre el melón y dándole la vuelta en la tierra para que no se viese la cata escondiéndolo debajo de las plantas de melón ¡y que ricos les sabían!.

 

Cuando su padre llegó ellos callaban parecían dos angelitos, aunque el pequeño empezaba a estar molesto y le dolía la tripa. Se fueron todos a casa donde su madre les tenía la comida preparada, ese día había cocido y les encantaba a los niños, pero Vicente y Lucio no tenían nada de hambre sino todo lo contrario no les entraba nada en el cuerpo, a Lucio le dolía la panza que estaba hinchada de tanta agua, dicen que el melón puede ser indigesto…y bien que lo comprobó, ninguno de los dos pudo comer y el pequeño empezó a cagarse patas abajo durante toda la tarde…

 

Su padre estaba extrañado de que no comieran y sobre todo preocupado por el pequeño que tenía cagueta pero no acertaba a saber lo que había ocurrido realmente… ¿estarían enfermos? …

 

Pasaron un par de días y el padre de los niños se empezó a dar cuenta de que los melones se le estaban pudriendo en las matas, fue levantando uno a uno, con la sorpresa de encontrarse todos los melones empezados… ya empezó a entender el porque de la cagueta del pequeño y el porque no quisieron comer ninguno de los dos… menuda faena le habían hecho ese par de truhanes…

 

El padre de Vicente no era un hombre que perdiese la paciencia rápidamente, era un hombre muy tranquilo y cariñoso con sus hijos pero ese día a medida que se acercaba a casa y pensaba en sus melones… le hervía la sangre… sin mediar palabra con nadie entro en la casa y llamó a los dos niños que se encontraban jugando en el corral, no decía una sola palabra tan solo se quito el cinturón le bajo a ambos los pantalones y empezó a azotarles en el culo…los niños eran un mar de lagrimas y con el culete dolorido sin poderse sentar, ni rozar siquiera miraban al padre como si este se hubiese vuelto loco… entonces el padre se calmó… y les dijo:

– Esperó que os sirva para no volver a hacer catas a los melones nunca más, ¡me habéis jodido una cosecha entera…con vuestras chiquilladas!- La gracia costara muy cara.

 

La faena había sido grande, aunque el padre no solo tenía los melones, también sembraba patatas, remolacha, ajos, cebollas etc.… en su huerta, sin embargo notarían ese año la falta de ingreso por los melones que habían perdido y pasarían más estrecheces.

 

Los niños pasaron una semana durmiendo boca abajo y casi sin poderse sentar. El padre no les volvió a pegar de aquella forma nunca más, le dolía haberles castigado de esa forma y se prometió a si mismo no volver a poner una mano a sus hijos hicieran lo que hicieran nunca más… cosa que cumplió hasta el final de sus días.

 

Continuara…

 

Vicente. Cap. 8.

 

Vicente, es mi segundo personaje, otro niño de aquella época que también formaba parte de una familia numerosa. Era el cuarto de seis hermanos, más bien alto para su edad y muy delgado, con el pelo castaño claro rasurado al 1(antes a todos los chicos les pasaban la máquina por la cabeza y siempre iban muy peladitos para evitar contagios de piojos y por higiene), y unos ojos enormes verdosos. Su ropa era pobre pero decente aunque era heredada de sus hermanos mayores sin embargo al ser alto siempre llevaba los pantalones un poco pesqueros que el aun acentuaba más por la costumbre de subírselos hasta casi los sobacos.

 

La familia de Vicente durante la Guerra Civil había luchado en el bando republicano y parte de sus tíos tuvieron que emigrar a Francia y a Suiza, pero en el pueblo quedaba aun su tío Aurelio antiguo maestro del pueblo durante la republica, aunque ya no ejercía como maestro porque no le dejaron al ser un reconocido republicano, ahora trabajaba en el campo, su tío por las noches se encargaba de la educación de él y sus hermanos, bajo la luz de una vela en una mesa se arremolinaban los hermanos más mayores y él para aprender a leer y escribir. A los chicos les encantaba que su tío Aurelio les leyera sus propias historias que tenia manuscritas, porque este hombre no solo era maestro sino también escribía y tenía numerosos libros manuscritos guardados, algunos de ellos casi escondidos por aquello de la censura de los tiempos que les toco vivir. Su tío añoraba otras épocas y sobre todo soñaba con volver a ser libre de pensamiento, sus deseos se hicieron realidad aunque era demasiado mayor ya para disfrutarlo mucho tiempo cuando llego la democracia, pero como decía el…nací en libertad, viví tiempos de represión y podré morir de nuevo en libertad, mereció la pena vivir para saber cuanto necesitamos ser libres.

 

Vicente, también fue al colegio tentado como Josefita por la onza de chocolate Josefillo y la hogaza de pan que les daban a los niños, pero su andadura por allí fue demasiado breve al tener que salir al campo a ayudar a su padre a cultivar su huerta.

 

Continuara….