El trago más dulce y el penúltimo de mi vida

A veces pienso que me como demasiado el coco, hoy llevo todo el día pensando donde encajo yo, siempre he encajado en donde me he propuesto y me he sentido cómoda. Sin embargo, llevo un tiempo sintiéndome extraña, no incomoda, siento que no encajo, y no sé dónde está mi lugar y lo que hago es intentar adaptarme a cualquier circunstancia aunque a veces no lo consigo.

He llegado a esa edad en la que no soy ni vieja, ni joven, aunque mi apariencia física no me acompaña con la edad que tengo, cosas de la genética familiar.

Que porque digo esto? Porque me siento tan joven como me puedo sentir mayor, eso sí es cierto que a medida que pasan los años ves la vida desde otra perspectiva y eso me gusta, si… me gusta mucho ver cómo los años me han hecho aprender de mis propios errores, he aprendido de cada una de la lagrimas que he vertido sin perder nunca la sonrisa, y me siento más sabia, no más lista… todo eso no lo cambio.

Mi edad es la más difícil, no encajo en ningún sitio, ni entre los jóvenes, ni entre la gente mayor, así que me adapto a todo porque hay que seguir viviendo y disfrutando de la vida. Anoche me fui de fiesta con las amigas y llego un momento que me sentí incomoda, no por ellas, sino por la gente que nos rodeaba, sentí aquello que llaman claustrofobia aunque detrás de esa palabra le añadiría “guardería “así que tengo claustrofobia a las guarderías de los veintiochos o treinta y pocos…, no me veo, me siento rarita cuando se acercan chicos de la edad de mis hijos o un poco más mayores con cuatro copas e intentando ligar conmigo, no es mi estilo, me gustan los señores de 40 para arriba, que no de 60, con la misma madurez mental que yo y que me traten como a una señora estupenda sin tener las facultades mentales mermadas por el alcohol. Y con los que son demasiado mayores tampoco encajo aunque me adapto, porque aún tengo ganas de hacer locuras, pero con sensatez.

No me veo cuando llegue a los 50 con transparencias y conformándome con ser el ligue de un treintañero haciendo botellón en un parking, ni yendo de caza de la juventud perdida, siempre me resulto patético, aunque tengo que decir que hablo tan solo de mi persona y respeto lo que hagan los demás sin tacharles de nada, ni me gusta pone etiquetas, odio las etiquetas.

Me veo sola y disfrutando de la vida, o en el mejor de los casos con un señor a mi lado que se adapte a todo como yo, ni joven ni viejo, disfrutando de la madurez como se disfruta de un buen vino, saboreando esa sabiduría que te da la experiencia de un corretaje lleno de lágrimas y risas de lo que hemos vivido. Ese es el trago más dulce y el penúltimo, yo estoy en ese trago y me lo voy a beber, sola o acompañada, pero bien acompañada porque se lo que quiero y aun puedo elegir sin que me asuste llegar sola a ningún sitio.

buen vino

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