Historias de la Mente I

rd_hopkins1Voy a contar una serie de historias algunas tristes y otras muy graciosas de mi experiencia trabajando en un psiquiátrico, aunque todas ellas tienen un fondo muy triste, los nombres de mis personajes son ficticios porque no es plan de ir dando nombres, ni tampoco de que alguien pueda relacionar el personaje con la persona real, sin embargo los hechos y anedoctas que cuento son totalmente reales y verídicos, acaecidos hace unos 20 años… y como la distancia en el tiempo me arropa en el anonimato tanto mío como de mis personajes, me atrevo a contaros estas cosillas y lo mucho que aprendí de todas aquellas personas que en su delirio me enseñaron a ser yo una mejor persona.

 

Guardo un especial cariño por este tipo de personas, y me han demostrado que hay enfermedades que nos pueden alcanzar a todos, que nadie esta libre de caer en sus redes, todos somos vulnerables a las enfermedades de la mente y cada día se ve a mucha más gente padeciendo algún tipo de trastorno.

Incluyo la foto de Anthony protagonizando a Anibal Lecter, porque es uno de mis personajes favoritos desde que vi por primera vez el silencio de los corderos y continue con todas ellas…a pesar de lo bestia que es el tio me hubiese gustado ser Clarice.

CARMEN

Mi primer personaje se llamaba Carmen, era una señora que rondaba los 70 años familia de militares y estaba en la 3ª planta ingresada de la Clínica Militar. Esta planta era un Geriátrico donde solo había mujeres, todas ellas eran familia de militares, esposas, hijas, madres, hermanas y todas mayores ninguna de ellas cumpliría ya 50.

Carmen hacia años había perdido la cabeza, tenía fantasías y alucinaciones, así como unos enormes aires de grandeza y nos hacia a todo el personal del hospital estar en jaque más de una vez… ella era pequeña, rubia teñida y regordeta, le gustaba pintarse las uñas de un rojo intenso y siempre llevaba un collar de perlas al cuello (perlas de plástico aunque ella porfiaba en su autenticidad), desde que se levantaba por la mañana de la cama ya tenia sus labios pintados y ese collar puesto, nadie la podía ver con bata con camisón o despeinada, ella madrugaba más que nadie para que en el momento que entrases en su habitación estar impecable…

Su alucinación no era otra que creerse la hija de Franco (algo al parecer común por desgracia en los psiquiátricos, ya que no era la única enferma que se sabe que afirmaba esa identidad), una hija secreta según ella, y también afirmaba que la tenían encerrada los del servicio secreto porque al ser la hija bastarda de franco era peligroso que se supiera y por eso la habían dado por loca, ella no estaba loca y no se cansaba de repetir la misma cantinela a todo el mundo diariamente una y otra vez…cuando ella quería y estaba de buen humor tenía unos modales exquisitos y refinados, te trataba con cariño y cortesía incluso parecía querer ser tu amiga guardando las distancias de su rango algo que no debíamos olvidar, pero verla enfadada era todo un sufrimiento y sus gritos llenos de soberbia debido a su alucinación permanente creada por esa identidad que ella se forjaba en su mente se escuchaban por toda planta, si no podíamos calmarla por las buenas o no había manera se le daba un calmante bastante fuerte que le hacia dormir durante unas horas, sin embargo era más fácil seguirle la corriente y tratarla como una señora de alta alcurnia así prescindíamos de la medicación, por lo que todos procurábamos tenerla contenta y llamarle “Doña Carmen”…

Carmen tenía un canario amarillo metido dentro de una jaula, al pobre canario acabamos poniéndole un candadito en la puerta y enjaulándolo aun más…me explico, cuando ella se aburría y quería que la hiciéramos caso, abría la jaula del canario lo sacaba al patio de la clínica y lo soltaba… entonces comenzaba el espectáculo, se ponía a gritar como una posesa diciendo que se le había escapado el canario y absolutamente todos hasta los doctores nos veíamos cazando al canario y corriendo detrás de el por el patio, conforme más pasaba el tiempo y no cogiamos al canario más histérica se ponía y sus gritos eran mayores…así que su doctor después de subirse a un árbol la ultima vez que hizo eso porque ya iban unas cuantas para atrapar al pobre canario le regalo un candado para la jaula, un candado dorado muy bonito…y guardándose la llave en el bolsillo le dijo que así no se le escaparía más… así que cuando el doctor iba a hacer la visita diaria a su paciente también se tenia que ocupar de echar de comer al canario y atenderle…

A ella le encantaba su doctor, este era un hombre muy apuesto de unos 40 años y cualquier ocasión era poca para flirtear ante el, se empeñaba en que era su novio, pero creo que todos los pacientes se suelen enamorar de sus doctores o de las personas que les atienden en estos casos. El doctor siempre tenia una sonrisa para ella y era el único que podía calmarla poniéndose serio con ella, a los demás no nos permitía que le alzáramos la voz.

En las comidas había un comedor común para todas las pacientes, ella se sentaba en una mesa con otras dos pacientes que ella siempre escogía porque a ella le parecía que estaban menos locas que el resto, revisaba si la mesa tenía bien puestos los cubiertos y siempre se quejaba de lo mismo, no había cuchillos ni tenedores de verdad…los auxiliares nos encargábamos de partir los filetes a los pacientes en pedacitos y los tenedores eran de plástico. Esa medida se empezó a tomar con todos los pacientes desde que un paciente de la primera planta se trago una cucharilla de postre y acabo ingresado en el Gómez Ulla para extraérsela…este paciente es otra historia, creo que era un faquir porque también llego a tragarse cuchillas de afeitar, aprovechaba cualquier descuido…así que la clínica empezó a tomar esas medidas con todos sus pacientes.

No se que fue de Carmen, imagino que a estas alturas en el tiempo ella no estará entre nosotros, pero lo que si reconozco es que cuando se comportaba como una señora sabia hacerlo muy bien y tenia muchísima clase, a pesar de las carreras que me pegue por su culpa y de las veces que me hablo con prepotencia y arrogancia, la recuerdo con muchísimo cariño, esas veces no era ella, era esa mente que le jugaba malas pasadas.

JUAN

El primer día que vi a Juan me llamo mucho la atención, porque solo miraba, me observaba nunca hablaba, tenia los ojos más negros que jamás había visto, sentía como se clavaban esos ojos en mi, incluso estando de espaldas a el sentía que podían atravesar mi nuca, su cabello era negro como sus ojos que se juntaba con su negra y espesa barba que llevaba siempre muy bien cuidada… siempre andaba escondido tras un seto del jardín, detrás de una puerta, o retirado en algún rincón sin perderme de vista, observando…

Juan llevaba ingresado allí un par de años cuando yo le conocí, su habitación estaba en larga estancia la primera planta donde se encontraban los enfermos menos problemáticos o controlados y que tenían su medicación, digámoslo de otra forma los que estaban más tranquilos y eran menos agresivos, cuando alguno de ellos sufría alguna crisis incontrolable era trasladado inmediatamente a corta estancia que era el 2º piso, donde se les administraba una medicación mucho más fuerte y se les encerraba en habitaciones acolchadas para que no se hiciesen daño durante un tiempo o no hiciesen daño a los demás.

Como iba diciendo… desde el momento que entre me sentí observada por el, al principio de lejos, terminaba de comer y me buscaba, se despertaba por la mañana y me buscaba, se asomaba a la ventana de su habitación y me veía llegar… siempre podía verle detrás mi, mirando y callado, terminaba de trabajar y me seguía hasta el vestuario quedándose retirado de la puerta para verme salir y seguir detrás de mi hasta la puerta del recinto de lejos para verme marchar a casa, y claro tanta observación hizo que me interesase por el preguntándole a un compañero que me explico un poco la historia de este hombre.

Juan era hijo de militar, tenia 3 carreras y hacia un par de años atrás que fue ingresado en el centro, le gustaba leer, estudiar pero odiaba el ejercito y desde pequeño había sido presionado por su progenitor para hacer de el un buen militar, al menos eso era lo que se contaba de él y que nunca pude corroborar porque yo no tenia acceso a ningún expediente psiquiátrico de ningún enfermo. Juan había tenido una novia de la que estuvo muy enamorado durante muchos años, pero era muy celoso y ella acabo dejándole porque no pudo aguantar sus obsesiones con ella, ya empezaba a enfermar y ese fue uno de sus primeros síntomas, desde entonces se volvió un hombre agresivo con todo el mundo y eso unido a la vida castrense y autoritaria que había llevado le hizo perder un poco el norte o mucho… su padre le ingreso allí, porque llego un momento que era agresivo con toda su familia. Tal vez fue la presión a la que fue sometido desde pequeño odiaba el ejercito y eso era palpable, tal vez conocer el amor y la obsesión por una mujer, tal vez poco a poco todo se fue uniendo en contra de el para hacerle enfermar, no lo sé, no soy siquiatra pero un día algo se rompió en esa mente que le hizo ser así.

Durante tres meses me seguía de lejos a todas partes, sin dejar de observarme pero un día todo cambio… me habló… fue un tímido “Hola” apenas audible, yo le sonreí y le devolví el saludo…y el día transcurrió como siempre pero esta vez se acercaba un poco más a mí. Transcurridas dos semanas después de ese primer hola, siguieron muchos holas todos los días y alguna tímida sonrisa que dejaba entrever detrás de esa espesa barba y poco a poco se iba acercando más a mí.

Un día en el mes de Abril a finales, cuando llegue al hospital por la mañana temprano al entrar en los vestuarios en el poyete de la ventana que daba al jardín encontré una rosa, la cogí y le vi detrás de uno de los árboles mirándome con una sonrisa y sin decir nada, yo le di las gracias y guarde la rosa en mi taquilla, cerré la ventana y me dispuse a comenzar mi trabajo diario. Ese día se le veía contento, parecía otra persona, no parecía un enfermo y a ese día le siguieron muchos días con rosas que arrancaba del jardín para dejarlos en la ventana de las taquillas cuando yo llegaba, no pensé que podría hacerle ningún mal aceptar la rosa y devolverle una sonrisa, mis compañeros me advirtieron de que no tenía que encariñarme con ningún paciente que ellos estaban allí por motivos graves de salud y nunca podría predecir como iban a reaccionar en determinadas situaciones. Yo solo pretendía ser humana y amable con el, nada más, era demasiado joven y novata y nunca había trabajado en un sitio así, tan difícil.

Juan ya se acercaba a mi, y empezaba a intentar sacar conversación conmigo, preguntándome sobre que libros me gustaban, que música etc.…incluso llego a hacerme preguntas personales como si tenia novio o estaba casada… siempre le fui sincera porque no veía ningún mal en ello, así que entablamos una pequeña y cordial amistad, le hablaba de mis niños, de que yo era divorciada, de mis cosas sin darle demasiada importancia a sus preguntas. Y es que parecía totalmente cuerdo, se te olvidaba que era un enfermo.

Un día que me puse mala y no fui a trabajar, en el poyete de la ventana de las taquillas había dejado un rosa y con tan mala suerte que una compañera mía la vio y la cogio, el la vio cogerla y salio detrás de su árbol dando gritos y llamándola de todo, diciendo que no era para ella que la dejase ahí, mi compañera le obedeció y dejo la rosa en el poyete… ese día como yo no estaba para coger la rosa no se aparto de la ventana ni del jardín en todo el día y estaba de mal humor chillando a todos…al menos eso me comento un compañero, volviendo a advertirme de que tenía que soltar cuerda con el y comportarme más fríamente. Cosa que hice caso… y empecé a ser un poco más fría con el, hablar menos con el y hacerle menos caso… en lugar de mejorar empeoro, se volvió mucho más huraño, mucho más reservado y volvía a callar… observaba, miraba… y así pasaron los meses.

Un día un compañero me invito después de trabajar a tomar un café cuando saliéramos y mientras lo hacia en el pasillo estaba Juan escuchando sin ser visto, yo acepte ese café porque me parecía mi compañero un chico muy atractivo y me gustaba, había feeling entre nosotros…ese día cuando iba a subir el carrito de las medicinas en el ascensor para llevarlo al comedor de la 3ª planta en geriatría viví una experiencia inolvidable, no había aun abierto la puerta del ascensor cuando llego Juan y se tiro al suelo agarrandome un tobillo y diciéndome que yo me quedase con el, no sabia como calmarle y el cada vez apretaba más mi tobillo con sus manos, no podía soltarme y empecé a sentir miedo y angustia, por lo que llame a mis compañeros a gritos pidiendo ayuda, vinieron dos de ellos a cual de ellos más grande y fornido, no eran capaces de poder soltar sus manos de mi tobillo y después de varios intentos por que me soltara decidieron ponerle un calmante que acabo haciendo efecto no sin antes dejarme el tobillo dolorido y colorado.

Inmediatamente y por prevención le trasladaron a corta estancia y allí estuvo durante tres semanas, cuando consiguieron controlarle le bajaron de nuevo a la planta de abajo, ya no me hablaba, ya no le hablaba, yo le evitaba, el me miraba y yo pasaba más tiempo en geriatría con mis niñas grandes…

Hay veces que no es bueno demostrar humanidad, que ser amable puede ser mal entendido por una mente enferma, ellos no tienen la culpa, y yo tampoco tengo la culpa de haber querido mostrar un poco de humanidad. Nunca sabes si lo que para ti esta bien, es perjudicial para otro.

CANDELA

 Era una mujer muy chiquitita, delgadita, arrugadita como una pasa, el cabello blanco cortado por encima de los hombros, y siempre llevaba un vestido gris, era el único que se dejaba poner porque la falda tenia vuelo y a ella le gustaba dar vueltas y vueltas bailando sola por los pasillos. Era bastante mayor de 70 años para arriba no recuerdo su edad exactamente y padecía de demencia senil, sus ojos pequeñitos y escondidos dentro de sus cuencas que eran una maraña de piel arrugada, su barbilla huesuda y sus labios finos arrugados dejaban al descubierto una dentadura con apenas tres piezas arriba , los dos paletos y un colmillo…

Siempre tenia la mirada perdida, siempre estaba sola, no se relacionaba con ninguna paciente, no hablaba con nadie, solo canturreaba por los pasillos y bailaba dando vueltas…en el tiempo que estuve allí, solo vi a un hijo suyo ir a verla y ese fue el día en que murió, es triste ver como los mayores son abandonados literalmente en su vejez para acabar sus días solos, sin una visita y desgraciadamente no es el único caso, sino que hay muchos casos así…

Candela era una mujer muy tranquila, nada agresiva y las pacientes menos difíciles de tratar del centro… el problema es que no podías sacarla fuera del recinto por los episodios de Streep tease que protagonizaba eran todo un show y en todo el recinto siempre había música suave incluso en los jardines…siempre era a la hora de las comidas, siempre en el comedor, normalmente ponían música en la hora de las comidas en el comedor el hilo musical para los pacientes y ella se emocionaba tanto que tardaba dos segundos en quedarse en cueros en mitad del comedor y bailando desnuda, ajena a las miradas de las demás pacientes y de los celadores…ajena a todo, no era lo peor que se quedara en pelota picada lo peor era la algarabía que se montaba en el comedor con las demás pacientes, se armaba la fiesta, algunas protestaban, otras chillaban y proferían insultos, otras lloraban… se acababa la paz a la hora de la comida, el comedor se convertía en un gallinero… los celadores corrían a vestirla y lo hacían rápidamente pero nuevamente ella enseguida en el menor descuido tardaba 2 segundos en quedarse en cueros… optaron por tenerla sentada en una silla de ruedas y atada para darla de comer, porque era eso mejor que el alboroto organizado con las demás pacientes.

Ella no sentía ni padecía, o al menos eso es lo que parecía, siempre tenia su mirada perdida, ajena a cualquier comentario, sin hablar y soñando dentro de su mente…

Un día en el jardín sacaron a tomar el aire a algunas pacientes entre las que se encontraba Candela, el jardín eran zonas comunes de todos los pacientes tanto hombre como mujeres y allí Candela protagonizo otro de sus acostumbrados Streep tease pero con publico masculino que eran los pacientes de la 1ª planta, no podéis imaginar la que se organizo porque dos de ellos se echaron encima de la pobre Candela sobándola y profiriendo insultos, mientras el resto miraba haciendo corro, unos animándoles y otros perplejos como si la cosa no fuera con ellos, enseguida varios celadores fueron a rescatarla de las manos de los otros dos enfermos llevándosela de allí enseguida a su planta para vestirla, la pobre Candela en su inocencia estuvo sin salir al jardín un mes por miedo a que se protagonizase otra escena de esa índole, hasta que a un celador se le ocurrió ponerle una camisa de fuerza para sacarla al jardín y que no se quitara la ropa. Funciono, vaya que si.

Daba penita verla con su camisa de fuerza y girando, girando, bailando en mitad del jardín…pero no se desnudaba así.

Carmen cuando se cruzaba con ella por los pasillos, le decía:

– Cochina!!! Guarra!!

Y la pobre Candela no oia…

Por desgracia, Candela se apago como una llama a los pocos meses, una mañana no se levanto de su cama, por la tarde noche había fallecido y lo recuerdo especialmente porque la enfermera que estaba de guardia ese día sábado me pidió ayuda para ayudarla a amortajarla…algo que yo no había hecho yo nunca y que nunca volvería a hacer…no me gusto nada y eso que la mayor parte del trabajo la hizo la enfermera, podría contaros todos los detalles pero me los ahorrare porque son desagradables y no quiero revolveros el cuerpo.

Candela padecia demencia senil, y cuento su caso porque es una pena ver la de candelas que hay en las residencias, creemos que no entienden, creemos que son ajenas a todo, creemos que no nos reconocen…pero lo que si puedo afirmar que todos necesitan cariño de sus seres queridos.

ALBERTO

 Era un hombre muy alto y fuerte, parecía un armario de grande, tenia la mirada perdida como muchas miradas que había en ese lugar, solo andaba, ni siquiera era capaz de comer o beber solo, había que llevarle la cuchara a la boca para que comiese y aun así le costaba tragar, el enorme babero que le poníamos recogía más comida que su estomago, para que os hagáis una idea era como un zombie, un muerto en vida, le veías andando por los jardines y por los pasillos sin un rumbo fijo. Su aspecto físico daba mucho miedo, estaba medio calvo y su frente en mitad de ambos ojos estaban hundida como si le hubiesen dado un hachazo, tenia la cara totalmente deformada por esa peculiaridad, a mí me impresionaba tanto que tarde bastante tiempo en preguntar el motivo por el que estaba allí y porque tenia hundida tan horrorosamente la frente.

Era como un vegetal andante, incluso algunas veces podías verle como se daba contra una pared y parecía un coche de choque, era todo automático retrocedía siempre con el mismo gesto y caminaba en dirección contraria hasta encontrar la próxima pared y repetir esa misma escena, su rostro no mostraba ningún tipo de emoción era totalmente impasible, no mostraba tristeza, alegría, dolor… siempre igual, su estado era tal que se veía que no sentía nada y no padecía.

Me costo un poco acostumbrarme a su visión, pero a todo se acostumbra una, cuando paso apenas un mes ya le miraba como si le conociese de siempre, ya no veía esa frente hundida, ya no me parecía tan monstruoso, me daba lastima verle así, su rostro era uno de tantos.

La historia de Alberto y porque estaba allí es muy triste, Alberto no había sido ingresado por loco, sino que estaba cumpliendo condena, o al menos entro así aunque creo que en su estado no puede haber peor condena que la manera en que se encontraba. No sé si tenia familia, yo nunca vi que nadie le visitase y si la tenía cuando supe su historia me di cuenta de porque no recibía visitas de ningún tipo.

Alberto en su vida anterior, había sido Guardia Civil, era feliz, estaba casado y enamoradísimo de su mujer, llevaban bastantes años casados, el la adoraba, pero su mujer no le correspondía de la misma forma… un día invito a un compañero de trabajo a comer a su casa presentándole a su mujer, ese compañero y el se hicieron muy buenos amigos, aunque el no podía sospechar lo que ocurriría. Se hicieron muy amigos y el le abrió su casa, no era extraño verle allí los domingos comiendo con ellos, ni tampoco que los visitara continuamente. Un día salio del cuartel antes y se fue a casa, cuando llego allí y entro al dormitorio no daba crédito a lo que estaba viendo su mejor amigo y su mujer estaban en la cama juntos, en esos momentos el llevaba su arma encima y la locura le cegó de tal manera que los mató a los dos en la cama a tiros, seguidamente se coloco el arma entre ceja y ceja pegándose un tiro, con tan mala suerte que no acabó con su vida, pero le dejo en un estado casi vegetativo para el resto de sus días, se convirtió en ese zombie que os he descrito anteriormente…

Hay momentos en que una persona cuerda puede cometer la peor de las locuras en un determinado momento, hay momentos que no somos dueños de nuestros actos cuando nos machacan nuestros sentimientos, con eso no estoy excusando su acción, solo estoy diciendo que nadie sabe como puede reaccionar en determinadas ocasiones tan duras.

IRENE

Era una mujer alta, morena, de joven debía haber sido guapísima porque aun seguía siéndolo con casi 70 años, aunque en su rostro se reflejaba el sufrimiento de una vida, sus facciones eran duras y reflejaban un perpetuo sufrimiento, no se que tipo de demencia tenía, optare por la senil para definirla, siempre parecía estar de mal humor y se movía con mucho desparpajo, era ágil muy ágil, su obsesión por llamarlo de alguna forma tenia mucho que ver con el sexo y en cuanto la perdíamos de vista en el jardín se acercaba a los hombres con la intención de provocarlos metiéndoles mano, teníamos que tener mucho cuidado con ella, lo hacia sin darse cuenta como una marioneta que tiene todos los gestos aprendidos sin voluntad ante una mano invisible que movía los hilos de su mente perturbada. Esta mujer tampoco se relacionaba con otras pacientes siempre estaba sola y le faltaba tiempo para ofrecerse a cualquier hombre que se cruzaba en su camino, un día durante la siesta en el jardín la perdimos un momento de vista, empezamos a buscarla y la encontramos con uno de los enfermos , ella tenía el vestido hacia arriba tapándole la cara hasta por debajo de los ojos, apoyada contra pared , el junto a ella arremetiendo una y otra vez con prisas y mirando por si eran sorprendidos, no la miraba a ella, solo la utilizaba como un recipiente fruto de su desahogo, ella miraba hacia un árbol con su mirada vacía sin sentimiento como una marioneta rota, al vernos el se retiro y salio corriendo, ella sin pudor alguno recogió sus bragas del suelo se coloco la falda del vestido y vino hacia nosotros sin mediar palabra.

Contaban sobre ella, que había sido sastra de joven pero el ser sastra había sido una tapadera de otro negocio más rentable, en realidad esa mujer para sobrevivir ejerció la prostitución. Las pocas veces que hablaba mencionaba nombres de hombres, y profería un sinfín de insultos, otras veces la veías masturbándose en los pasillos como si unas manos invisibles la tocasen en ese momento profiriendo insultos y palabras soeces para que su cliente imaginario acabase de una vez y la dejase en paz…otras veces en las que estaba más agresiva a cualquier hombre que se cruzase en su camino, celadores, doctores etc.…, les llamaba cabrones con todo el odio del mundo, se subía la falda y tocándose sus partes intimas con rudeza se ofrecía para ser follada.

Tampoco se que fue de ella, ni como acabó… pero si aprendí de ella que la vida que lleva una persona puede perturbar la mente cuando se ven obligados a hacer algo que les repugna…, creo que esta mujer fue marcada en su locura por el ejercicio durante muchos años de una profesión que la hizo esclava de la voluntad de hombres que compraban su cuerpo por dinero.

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