La pilila. Cap. 7

Un día de verano que hacia un calor de torrarse, en la hora de la siesta, Josefita y Marcela se fueron a jugar a la era ( son tierras a las afueras del pueblo, casi todo son campo con viñas, sembrados de trigo o cebada, a la orilla de las ultimas casas del pueblo) allí había un salobral que es una especie de laguna pequeña que tiene agua salada y solo tiene agua durante el invierno y la primavera, en verano se seca y se puede apreciar el salobre mucho mejor, también servía como basurero del pueblo. A un lado del salobral se encontraba el antiguo y viejo cementerio con sus tapias derruidas, sus sepulturas con las lapidas partidas y echas añicos, durante la guerra se produjeron desperfectos bastante importantes y por aquella época era el único cementerio del pueblo, hoy en día no existe porque lo trasladaron a otro lugar y en su lugar construyeron una escuela.

 

Hacia demasiado calor para sus juegos y no querían dormir la siesta, además Marcela tenia apenas una hora para volver a la casa en la que servía, así que decidieron buscar una sombra fresca en la parte de la tapia menos derruida del cementerio para sentarse y hablar de sus cosas.

 

Estaban las dos niñas entretenidas hablando cómodamente en ese lugar sin percatarse de que el hijo de la tía Picha las había seguido hasta allí, colocándose detrás de ellas en la parte posterior de la tapia… Josefita mientras hablaba con su amiga se entretenía con un cristal roto de una botella pelando una ramita verde que se había encontrado por el camino, las dos sentadas y riéndose de sus cosas de chicas, haciendo planes para el próximo domingo ir a la plaza del pueblo y ver a los chicos mayores que eran los que a ellas les gustaban…

 

Ninguna de ellas se dio cuenta de que el hijo de la tía pisa se había subido encima de la tapia por detrás de ellas y ajenas a todo continuaban charlando, en ese momento no se le ocurrió otra cosa al condenado niño que bajarse la bragueta, sacarse la pilila y ponerse a mear encima de las niñas riéndose a carcajadas al ver sus caras de asustadas y el asco reflejado en ellas. Josefita reacciono rápidamente y sin pensárselo con el cristal que tenía en la malo le hizo un corte en la pilila.

 

– Y ahora vuelve!!! So guarro!!! Ya no te ríes ehhh!!!- dijo muy enfadada.

 

El niño empezó a llorar asustado al ver que le había echo sangre en su preciada pilila y las dos niñas salieron corriendo en dirección a sus casas.

 

Cuando Josefita llegó a su casa, se metió corriendo en la habitación diciendo que le dolía la barriga a su madre, pero en realidad esperaba a la reacción de la Tía Picha y claro prefería que la buscase en su casa que no encontrarla por la calle.

 

Y la Tía Picha no se hizo de esperar demasiado, apenas 10 minutos y ya estaba hablando con la Tía María, quería sacarle los ojos a Josefita pero la madre de esta lo impidió, asegurándole que la niña tendría un buen castigo pero que ellos sus padres se lo darían no ella.

El percance se saldo, con que los padres de Josefita tuvierón que pagar las curas de la pilila del niño al curandero aunque no fue apenas nada solo un pequeño corte en la piel…y que Josefita probó la correa de su padre cuando se enteró.

 

Pero como no hay mal que por bien no venga, el hijo de la Tía picha desde aquel día procuraba no acercase a las niñas terminando por dejarlas en paz.

 

Continuara…

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