El cortejo. Cap. 12

Acabaron las fiestas del pueblo y Vicente no había visto desde esa mañana de domingo a Josefita en la feria, se las había ingeniado para sonsacar a todo el mundo donde vivía la chica, donde trabajaba y cuando podría verla, incluso se atrevió a preguntar a las amigas de su hermana que iban mucho a misa si Josefita frecuentaba mucho la iglesia ya que pretendía encontrarse con ella, pero ella no era de ir mucho a misa solo algún domingo, así que Vicente se hizo más asiduo que nunca a la iglesia los domingos . Tres semanas después de la feria un domingo Vicente estaba en misa de 12 y la vio entrar con Marcela y Petra, las vio coger agua bendita de la pila de la entrada y presignarse agachando una rodilla a modo de saludo ante el altar mayor.

Josefita no le vio en ese momento, aunque si había pensado mucho en el muchacho desde que lo vio en la feria, le había agradado y no se atrevía a preguntar a nadie ni por el nombre de el, así que para ella era un muchacho desconocido del pueblo, y ella solita se callaba sus pensamientos a pesar de las ganas que tenia de saber quien era él, ni su amiga Marcela sospechaba que a ella le hubiese caído en gracia ese muchacho.

 

Las chicas se sentaron en los últimos bancos de la iglesia para escuchar misa, en ese momento Marcela les dio un codazo a ella y a Petra y muy bajito riéndose les dijo:

– Habéis visto quien esta 5 filas de bancos adelante?

– No, quien? – Dijo Josefita

– Vicente el de la tía Evarista (así se llamaba la madre de el).

– Y quien es ese?. Pregunto Petra.

– Anda tonta! mira que eres despista.. no te acuerdas? El que había en la caseta de tiro en la feria, si ese, el de los pantalones pesqueros tan chulito.

– Ah ese!!! –dijo Josefita quitándole importancia y callándose seguidamente.

Josefita miro hacia donde había indicado Marcela disimuladamente pero en ese momento Vicente miraba hacia ellas descaradamente y le guiño un ojo, ella se puso colorada como un tomate bajando la vista al suelo y no se atrevió a volver a mirar en esa dirección en todo lo que duro el oficio.

 

Marcela y Petra comulgaron ese día mientras Josefita dijo que no se había confesado para no tener que hacerlo y espero a las dos chicas en su sitio, le temblaban las piernas solo de pensar que para comulgar tenía que pasar delante de el ya que se encontraba 5 filas más adelante, así que espero sentada en el banco a que llegarán las otras dos chicas.

 

Cuando acabo la misa las chicas salieron de la iglesia en dirección a su casa, reían divertidas contando sus chismes, Josefita estaba un poco más distraída y pendiente de si veía a Vicente salir y así ocurrió un poco más atrás estaba Vicente con los amigos, se acerco a las chicas.

– Os venís un poco a la plaza?- les dijo.

– Cuando te crezcan los pantalones… – contesto Marcela con mala leche y riéndose de el.

– A ti no te digo lista!!!, se lo decía a la morenita y a su hermana.

– No gracias nos vamos a casa y la morenita tiene un nombre se llama Josefita- contesto Petra.

– Perdona no sabía su nombre -mintió- pero ahora que lo se no lo olvidare. – Guiño de nuevo un ojo a Josefita.

– Pero, a ti que te ocurre? Acaso tienes un tic en el ojo.- pregunto Josefita.

– Te ha molestado? No es mi intención molestar a una chica tan bonita, disculpa y ven a tomar una gaseosa conmigo a la plaza.- se atrevió a decir de tirón Vicente.

– Yo no tomo nada con desconocidos, además nos vamos ya.- dijo Josefita dándole la espalda y agarrandose de los brazos de las dos chicas, mientras caminaban en dirección a sus casas.

 

Los amigos de Vicente habían observado la escenita de lejos, y cuando este se acerco a ellos, estos se mofaban de el, bromeaban sobre lo guapa que era la Josefita y lo mal que se lo haría pasar, aunque Vicente estaba cada vez más convencido de que quería conocer a esa chica, se dijo para sus adentros:

 

– La Josefita es pa´mi!

 

Durante los dos meses siguientes no había forma de encontrar a la chica sola y poder entablar una conversación con ella, y si quería verla tenia que montar guardia en la casa donde esta trabajaba esperando que Josefita saliera a algún recado, pero cuando eso ocurría y ella le veía se ponía a correr como alma que lleva el diablo y Vicente detrás de ella corriendo para alcanzarla, y es que Josefita tenía miedo de que llegase a oídos de su padre que la rondaba un chico por lo que pudiese pasar. Así que Vicente estuvo un par de meses intentando darla alcance sin éxito, por más que suplicaba ella corría más aun.

 

Josefita en el fondo estaba deseando poder hablar tranquilamente con el ya que el muchacho le gustaba mucho a pesar de sus pantalones pesqueros, pero tenia más miedo que otra cosa, primero a sus hermanos mayores que se creían con derecho a regañarla y castigarla y después a su padre que ese era el peor, temía probar el cinturón que con tanto gusto mostraba cuando la amenazaba si la veía hablar con un chico.

 

Continuara…

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